Érase una vez, en un reino lejano, ubicado entre altas montañas y profundos bosques, había un pacífico pueblo.
Los aldeanos vivían en armonía, cuidando sus tierras con cultivos y animales. Pero su tranquilidad fue destruida por la llegada de un temible dragón. Este dragón tenía escamas tan duras como una armadura, un aliento que podía quemar la tierra y ojos que brillaban como brasas encendidas.
